Crisis de la Ciencia Chilena

Por Pablo Astudillo (ANIP)

En Más Ciencia para ChileANIP, hemos manifestado que la ciencia en Chile se encuentra en un estado preocupante, con un presupuesto que no supone avances para el 2011, retrasados en muchos indicadores respecto a países desarrollados, y con autoridades que parecen no comprender que no se puede alcanzar el desarrollo sobre la base de una economía centrada en la producción de materias primas. Pero, ¿qué tan mal estamos, realmente?

Nuestro país ha sido recientemente aceptado en el exclusivo grupo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta distinción se otorga no solamente a países desarrollados sino también a países que se encaminan a dicho “estado”, y supone una serie de obligaciones, entre ellas, acoger las recomendaciones de esta organización eimplementar medidas para mejorar en aquellos aspectos donde se presentan deficiencias respecto a los demás países integrantes. Es así como, en las últimas semanas, hemos escuchado en más de una ocasión argumentos del tipo “debemos hacer tal o cual cosa para alcanzar las cifras de los países OCDE”.

Chile, en su calidad de país miembro de esta organización, tiene entonces la obligación de mirar a sus países “colegas” y trabajar en aquellos ámbitos en los que presenta serias deficiencias. Uno de estos ámbitos es, indudablemente, la investigación científica y tecnológica. La comparación con los países de la OCDE no es sólo penosa; además, obliga a realizar un enorme trabajo para acortar las enormes distancias existentes.

Tradicionalmente, cuatro indicadores son utilizados para comparar el desempeño científico de los países. El primero de ellos es la productividad científica, definido usualmente como la cantidad de publicaciones de un país en un período dado. Este parámetro puede ser acompañado de un indicador de calidad, como la cantidad de citaciones de los trabajos, o de una estandarización, por ejemplo, número de publicaciones per capita o por investigador. Una desventaja de este indicador es que excluye a aquellas disciplinas en las que las publicaciones no son la medida final de la productividad, como lo son ciertas áreas dentro de las ciencias sociales; y excluye también aquellas empresas y centros en que se realizan actividades de investigación pero que no culminan en publicaciones, sino en patentes, productos tecnológicos o servicios. Teniendo en consideración lo anteriormente mencionado, vale la pena analizar la productividad chilena en comparación a la de los restantes países OCDE. De acuerdo al estudio UNESCO Science Report 2010 1, Chile publicó 3.646 artículos el año 2008. La producción total promedio de la OCDE, este mismo año, fue de 28.681 artículos, cifra casi 8 veces superior. Aún si excluimos a potencias como Estados Unidos o Japón, sólo cuatro de los 33 países de la OCDE publican menos artículos científicos que Chile; siendo dos de ellos Luxemburgo e Islandia (países con un pequeño número de habitantes). Si recurrimos a unsegundo indicador como las citas por artículo (que usualmente se emplea para evaluar la calidad de las publicaciones), Chile mejora en su posición: del lugar 29 sube al lugar 24. Este indicador ha sido ampliamente utilizado para compararnos a nivel latinoamericano, pues superamos a Argentina, Brasil y México, colocándonos en una posición de “liderazgo” regional. Sin embargo, Suiza duplica a Chile en citas por artículo, y estamos aún debajo del promedio OCDE por 2,3 citas por artículo, un 21% inferior 2.

Un tercer indicador importante de considerar es el número de investigadores a nivel nacional. En promedio, los países de la OCDE tienen aproximadamente 3.155 investigadores por cada millón de habitantes3. Algunos países, como Suecia o Dinamarca, bordean los 5.000 investigadores. En este indicador, la comparación entre Chile y los restantes países es elocuente. Chile es uno de los tres países que ni siquiera superan los mil investigadores por millón de habitantes, siendo esta cifra de aproximadamente 735 profesionales, de acuerdo al último dato disponible4, muy por debajo del promedio, y que sitúa a Chile en la posición 31 de la lista, sólo sobre Turquía y México. El gran número de investigadores en los países desarrollados demuestra la importancia de la investigación científica para alcanzar y fortalecer la prosperidad económica. El déficit de investigadores explica razonablemente el bajo número de publicaciones científicas. La pregunta que cabe realizarse es: ¿por qué Chile posee tan pocos investigadores, a diferencia de los países desarrollados?

El cuarto indicador, y que refleja la importancia que un país le otorga a la investigación científica, es la inversión en Ciencia y Tecnología (C&T). Es de cierto conocimiento público que Chile invierte poco en C&T, pero ¿qué tan mal estamos? Los datos de la OCDE muestran que Chile se ubica en el lugar 28 (de 33) en este ítem, con un 0,67% del PIB hacia el año 2004. Actualmente, sabemos que la cifra real corresponde a un 0,4% del PIB, como lo demostró un reciente estudio realizado por el Gobierno utilizando la metodología empleada por la OCDE4, muy por debajo del promedio estimado de 2,3% de los países de esta organización4, 5, e inferior al gasto en C&T reportado en el último período para países a los que Chile sobrepasaba supuestamente el año 2004, como Eslovaquia, Grecia, Polonia y Turquía; lo que situaría a Chile en el penúltimo lugar en inversión en ciencia y tecnología, superando sólo a México. Respecto al número de aplicaciones de patentes, los datos del Banco Mundial sitúan a Chile en el lugar 27 (considerando las aplicaciones por residentes), lo que nos mantiene en los últimos lugares del ranking5.

Evidentemente, con una pobre inversión en C&T, no hay suficientes recursos ni oportunidades para suficientes investigadores. Como se observa del análisis anterior, Chile se encuentra en los últimos lugares en todos los indicadores: publicaciones, inversión, número de investigadores. Todo esto es reflejo de una política nacional donde no existe mayor interés por la investigación científica. Y en ese sentido, nuevamente la comparación con los países de la OCDE es elocuente. En Chile, CONICYT (agencia creada hace más de 40 años) posee la misión de asesorar a la Presidencia en materia de investigación científica y tecnológica. ¿Cómo se realiza esta labor en los países de la OCDE? De los 33 países, en la mayoría (casi el 70%) existe una institución de rango Ministerial, o una autoridad de rango de Ministro, encargada de implementar políticas nacionales en materia de C&T, informar directamente a la presidencia y gestionar la actividad científica y la innovación6. Algunos de los países en que existe un Ministerio de Ciencia y Tecnología son Alemania, España, Japón, Noruega, Dinamarca, Francia y Suecia, a los que también podemos incluir a Brasil y Argentina en Sudamérica. En cambio, sólo en tres países de la OCDE, existe una institución estatal con rango inferior a la categoría de ministerio y comparables a una “agencia”, siendo Chile uno de esos países. Los otros dos son Turquía y México, curiosamente, países que también se ubican en los últimos lugares en los indicadores analizados.

En consecuencia, un repaso a la situación de los países de la OCDE en materia de ciencia y tecnología nos permite concluir que:

a) existe una correlación entre la institucionalidad científica y el desempeño de un país;
b) esa misma correlación se observa entre inversión en C&T y desempeño;
c) el grado de desarrollo de un país va de la mano con sus capacidades en ciencia y tecnología.

Diversos estudios de la misma OCDE afirman que una alta inversión y desarrollo en C&T permite no sólo crear nuevas tecnologías que permitan el desarrollo de un país, sino que también aprovechar las tecnologías producidas por otros países, incrementando la productividad nacional y creando un impacto de manera directa en el PIB7.

Finalmente, un dato de importancia es el valor que las sociedades le asignan a la investigación científica. Un reciente estudio latinoamericano, destacado en el portal de la ANIP por Carlos Blondel, reveló que Chile es el país de la región donde existe la peor valoración de la ciencia. Es verdaderamente preocupante que, ante la pregunta de si la ciencia es relevante para el país, nadie haya contestado de manera afirmativa en Chile. En países iberoamericanos, la respuesta positiva sobrepasaba el 30%, versus el preocupante y denigrante 0% de Chile. Países como Argentina, Brasil, Costa Rica y Venezuela poseen Ministerios de Ciencia y Tecnología, lo que demuestra la importancia que dichos estados otorgan a la investigación científica, lo que se traduce en una positiva valoración de la ciencia por parte de la ciudadanía8.

Por eso, la respuesta a la pregunta planteada en el título de este artículo no puede sino ser pesimista. Efectivamente, estamos mal, en cada uno de los indicadores analizados. Ninguno de dichos indicadores es de responsabilidad directa del desempeño científico; muy por el contrario, la comunidad científica chilena posee un prestigio reconocido en todo el mundo, y los profesionales de nuestro país poseen una alta valoración en la comunidad internacional. Además, pese a los problemas mencionados en este artículo, aún poseemos una buena situación a nivel latinoamericano (la que es frágil, no obstante, si consideramos el avance que Argentina y Brasil están experimentando9). De nuestras autoridades depende que la situación mejore.

El desarrollo del país está en juego.

Referencias

1. “UNESCO Science Report 2010: The Current Status of Science Around the World”
2. ISI Essential Science Indicators (base de datos actualizada hasta Julio del 2010)
3. Bases de Datos del Banco Mundial
4. Resultados de las Encuestas de Innovación e I&D, 2007-2008, Ministerio de Economía, 2010.
5. Bases de Datos de la OCDE
6. Otras búsquedas fueron realizadas manualmente (Ministerios de Ciencia o afines para los países OCDE)
7. Para más información sobre el impacto económico de la investigación científica, el lector puede también referirse a “Policy Responses to the Economic Crisis: Investing in Innovation for Long-Term Growth” (OECD, Junio 2009) y “R&D and Productivity Growth: Panel Data Analysis of 16 OECD Countries” (OECD, 2001).
8. Columna de Carlos Blondel, Presidente de la ANIP, sobre el estudio “Cultura Científica en Iberoamérica”: link
9. El avance de la ciencia en Argentina y Brasil ha sido cubierto recientemente por Nature (Vol. 456, pp. 441- 442) y Science (Vol. 330, pp. 1306 – 1312), respectivamente.

http://www.mascienciaparachile.cl/?p=59

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