Chile destina sólo $ 1.000 millones al año para promover el desarrollo de la nanotecnología

En una herramienta clave para aumentar la competitividad de nuestro país podría convertirse la nanotecnología, rama de la ciencia que aunque en Chile ha sido poco explorada (hace 20 años que se estudia informalmente, pero menos de dos que se investiga de manera organizada), está generando cada vez mayor interés en distintos sectores de la economía local, que ven en ella una oportunidad para crecer y abrirse a nuevos mercados. 


La nanotecnología es un campo de las ciencias aplicadas que apunta a la utilización, manipulación y exploración de materiales a una escala menor que un micrómetro, es decir, a nivel de átomos y moléculas.
En general, esa manipulación se produce en un rango de entre uno y cien nanómetros (un nanómetro corresponde a un metro dividido en mil millones de partes), es decir, a tamaños que la imaginación muchas veces no logra dimensionar. Las ventajas de trabajar a escala nano son ilimitadas. Por ejemplo se le pueden dar propiedades conductivas a materiales que no lo son y mejorar sus propiedades térmicas.

“Los expertos internacionales coinciden en que la nanotecnología es la segunda revolución industrial. Y para una economía como la chilena, donde los recursos principales son los commodities, la nanotecnología es fundamental para darles valor agregado”, asegura Rodrigo Molina, CEO y fundador de Natura Nova, empresa dedicada a desarrollar e implementar soluciones a través de esta disciplina.

“Si una compañía necesita mejorar su retorno de inversión, la incorporación de la nanotecnología en sus procesos o productos es probablemente su mejor opción. En este momento, es una increíble oportunidad que Chile y las empresas deben aprovechar”, agrega.

Además de mantener e incrementar las ventajas comparativas que los productos de manufactura local podrían tener en los mercados globales, esta disciplina permite ampliar los niveles de investigación y desarrollo en áreas como la salud, minería, energía, medioambiente y agricultura. En esta última, por ejemplo, permite controlar la humedad, temperatura o cantidad de fósforo que contiene el suelo, e incluso optimizar la cantidad de agua que se necesita para regar.

“La nanotecnología puede tener un impacto económico enorme porque en este momento es una disciplina nueva y su límite es la imaginación. Hay muchas cosas que se pueden hacer, otras que ya estamos pensando y muchas que ni siquiera se nos ocurren en este momento, y esa es una de las ventajas que Chile tiene en la actualidad”, comenta Dora Altbir, directora del Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y Nanotecnología (Cedenna), perteneciente a la Universidad de Santiago.

Precisamente el interés por esta disciplina hizo que en 2009, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) otorgara a esa casa de estudios, $4.000 millones para ser invertidos en un plazo de cinco años en la creación de la primera oficina nacional dedicada exclusivamente al estudio de esta ciencia. Así nació el Cedenna, centro que opera desde noviembre de 2010 y que busca fortalecer la investigación básica en nanotecnología y conducir sus aplicaciones. Hoy cuenta con 60 investigadores chilenos y más de 100 estudiantes de pre y postgrado.

“La nanotecnología apareció en la oferta de investigación de Chile y resultó ser de muy buena calidad”, señala Isabel Meneses, directora del programa de investigación asociativa de Conicyt. “El proyecto de crear este centro era interesante porque contaba con un liderazgo claro, se acercaba a las personas y a las empresas. Además, incluía transferencia de conocimiento y, sobre todo, tenía el potencial de impactar en la economía chilena”, añade.

Mucho por recorrer

Alrededor de $1.000 millones se destinan anualmente en Chile para potenciar el desarrollo de la nanotecnología. La cifra está muy por debajo de la que invierten Estados Unidos y la Unión Europea, que al año destinan unos US$ 3,7 billones y US$ 1,2 billones respectivamente, a fomentar esta rama de la ciencia. En América Latina, en tanto, países como Brasil, Argentina, Uruguay y México llevan la delantera, ya que en la última década han impulsado una serie de programas que han ayudado a promover el avance de esta disciplina. “Hay una competencia en la región en este tema y lamentablemente Chile está muy atrás. Brasil ha prometido una inversión de US$ 1 billón en nanotecnología, Uruguay ha dedicado US$ 500 millones en un parque científico de última generación, y Argentina ha llamado a la nanotecnología una cuestión de prioridad nacional. Chile puede ser competitivo con una inversión menor, pero el momento de invertir es ahora”, afirma Molina.

En este contexto, Altbir explica que el Cedenna ya gestiona tres solicitudes de patentes relacionadas con aplicaciones de nanotecnología y que tiene otros 15 proyectos en etapas de prepatentamiento. Por ello, la institución está buscando asociarse con empresas que puedan ayudar a lanzar esos productos y comercializarlos en el mercado. “Se espera que el ritmo de descubrimientos que en la actualidad somos testigos en la ciencia y tecnología de la nanoescala se acelere en las próximas décadas, lo que tendrá grandes implicaciones en las tecnologías existentes y el comportamiento de la sociedad”, concluye la experta.

http://www.df.cl/chile-destina-solo-1-000-millones-al-ano-para-promover-el-desarrollo-de-la-nanotecnologia/prontus_df/2011-03-18/225401.html

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