Alcances del Convenio Upov 91 y de cómo atenta al patrimonio de la Agricultura Familiar Campesina

La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales(Upov) es una organización intergubernamental. Su objetivo es la protección de las obtenciones vegetales por un derecho de propiedad intelectual, la obtención vegetal comprende especies, género y genes de vegetales distintos o “nuevos”.

Muchos desconocen que Chile participa en el Upov desde 1996, año en cual se adhirió al Convenio mediante las Actas de 1972 y 1978, promulgando el DS Nº 18 del Ministerio de Relaciones Exteriores y la Ley 19.342. A su vez, nuestro país estableció un registro nacional de variedades protegidas dependiente del SAG.

Lo que ocurre ahora, siendo un proyecto de acuerdo presentado en el año 2009 por la ex presidenta Bachelet, es que el Acta de 1991 fue aprobado el 11 de marzo por el Senado, el mismo día en que la ciudadanía tenía sus ojos puestos en la aprobación del proyecto hidroeléctrico en Aysén.

Este Acta, del año 1991, amplía los derechos relativos al material de reproducción o multiplicación de la variedad protegida, estableciendo que los derechos del obtentor o dueño que patentó la variedad vegetal se extienden incluso al producto de la cosecha, trasformándoles en sus dueños. Por lo cual, los agricultores no podrían producir semillas de variedades que hayan sido previamente patentadas, lo que atenta a un trabajo histórico de los pequeños agricultores que han generado sus propias semillas durante generaciones. Sin embargo, en este Acta se reafirma la facultad de los países para establecer excepciones, en particular al uso que los agricultores pueden realizar con el fin de propagación con una variedad protegida para su propia explotación, en este punto de suma importancia para proteger a nuestros agricultores Chile no se ha pronunciado.

Adicionalmente, este Acta establece lineamientos que van en directo perjuicio de los agricultores, protegiendo al dueño de cada variedad. Esta parte del Convenio que a simple lectura es un trabalenguas, en resumen establece que las variedades de vegetales que se generen a partir de variedades patentadas son de propiedad del obtentor o dueño de esta y por lo mismo el dueño posee los mismos derechos de todas las variedades vegetales como si fuera la variedad inicial que éste patentó.

Esta situación ha traído graves problemas en países que se rigen por este convenio, han ocurrido casos en EEUU y México donde los cultivos transgénicos han contaminado con su polen plantas originarias o propias de los agricultores, sin embargo al estar el polen de una variedad vegetal patentada en sus cultivos, éstos tuvieron que pagar multas y deshacerse de sus cosechas propias contaminadas, en vez de que la empresa indemnizara a los agricultores.

El Convenio Upov incorpora expresamente una excepción facultativa que permite, que los agricultores utilicen a fines de reproducción o multiplicación en sus propios predios el producto de la cosecha que hayan obtenido por el cultivo de la variedad protegida, esto también debe ser evidenciado por el país miembro para que sea efectivo.

El Acta 1991 de Upov establece que el derecho concedido al obtentor se extingue una vez que el material patentado ha sido vendido o comercializado. Acá me resuena algo donde ha sido acusado al ex Director Nacional del Inia, referente a una venta del catálogo de semillas. Se suponía que las semillas generadas por el Inia son propiedad del Estado, por ello se habían entregado mediante proyectos de Indap a los agricultores locales, qué pasará ahora, ¿se deberá pagar por su uso a los nuevos dueños?, esto aún no ha sido corroborado. Por otro lado, se sabe que 286 variedades de las papas nativas de Chiloé fueron inscritas por un profesor de la Universidad Austral aludiendo a una protección de estas variedades como Patrimonio Nacional, ¿podría ocurrir algo tan aberrante en el futuro con estas variedades?, como la venta de su genética, que por siglos fue cultivada por las comunidades indígenas en la isla de Chiloé.

Por último, la adhesión al Acta del 1991, no es obligatoria para aquellos países que han adherido previamente a un Acta anterior del Convenio. Sin embargo, Estados Unidos, Japón y la Comunidad Europea también son miembros de Upov 1991 y la adhesión de Chile fue comprometida en los diversos acuerdos de libre comercio (TLC). Se dice que la venida de Obama fue para apretar estas clavijas.

Creo indispensable que se vete esta aprobación, puesto que es trascendental que las comunidades indígenas entreguen su postura, según el Convenio OIT 169, donde la consulta y la participación a las etnias originarias es su pilar fundamental. Creo, además, que la información es la base de la opinión, pues deben existir aclaraciones claves de nuestro país para adherirse al nuevo Convenio, las cuales son elementales para evitar problemas futuros con los transgénicos, con apropiaciones indebidas de germoplasma nativo y con el menoscabo del trabajo de las comunidades indígenas y de pequeños agricultores, quienes durante siglos han trabajado en el mejoramiento genético de variedades que, de la noche a la mañana, podrían ser usurpadas.

Por Rolando Rojas

Encargado de Fomento Productivo de la Corporación El Canelo, Sede Sur.

http://www.elciudadano.cl/2011/05/24/alcances-del-convenio-upov-91-y-de-como-atenta-al-patrimonio-de-la-agricultura-familiar-campesina/

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