La Crisis Mundial, el Capital Ficticio y el Cretinismo del Dinero

Está mala la cosa. Al parecer, se está precipitando la temida recaída de la crisis que muchos han venido pronosticando y se había venido anunciando en numerosos episodios recientes. Europa, EE.UU. y Japón se encuentran probablemente ya en recesión y juntos representan más de la mitad de la economía mundial. Es imposible que los países emergentes salven al mundo. China, el más grande, representa apenas un 7 por ciento de la economía global y depende en buena medida de sus exportaciones a los anteriores.

El mejor barómetro de todo lo anterior es el precio del cobre, que al momento de escribir estas lineas ha caído un cuarta parte desde febrero del 2011, cuando alcanzó un máximo de 4,62 dólares por libra Sería un milagro si no vuelve a caer a niveles parecidos a los de marzo del 2009, cuando llegó a 1,4 dólares por libra. Eso simboliza que Chile estará nuevamente entre los países más afectados por la crisis. Cuando llueve todos se mojan y el que se la busca la encuentra, sentenciaría Sancho Panza.

Ese inevitable desenlace puede ser todavía dilatado por nuevas rachas especulativas sostenidas en la emisión monetaria de los países desarrollados, las que nuevamente pueden inflar transitoriamente el cobre y otras materias primas, así como las monedas y bolsas de comercio de países desprotegidos como Chile. Pero nuevamente, ello sería flor de un día y esta vez se ve difícil que pase.

El propósito de estas líneas ciertamente no es asustar a nadie – si alguien quiere pronósticos catastrofistas que lea la prensa internacional, pletórica de ellos por estos días. La crisis no será acabo de mundo, ni mucho menos. No lo fueron las anteriores y no lo será ésta, aunque son tiempos muy peligrosos. Su gravedad puede y debe ser aliviada considerablemente mediante la acción decidida de los Estados, especialmente mediante un fuerte incremento del gasto público (deficitario) destinado a proteger a la población de sus efectos.

Lo más peligroso son las reacciones fascistas -tendencias suicidas que están presentes en la sociedad-, las que deben ser aisladas y aplastadas con decisión.

Luego la crisis pasará. Tras topar fondo, probablemente se iniciará un nuevo ciclo secular al alza que se extenderá por algunas décadas. Permitirá recuperar lo perdido y luego crecer en forma más o menos sostenida. Hasta la próxima crisis grande, pero para ese entonces este autor no andará por estos lados para contar el cuento.

Puede ser oportuno, en cambio, hacer una reflexión serena acerca de las principales cuestiones que la crisis devela y probablemente va a corregir. Son varios temas de fondo relevantes para Chile, entre ellos el rol económico del Estado, la dependencia en las exportaciones de recursos naturales a costa de la producción industrial de bienes y servicios, la segregación social y económica de la mayoría de la población, que en buena parte es consecuencia de lo anterior, la fe ciega en un supuesto “mercado mundial (lo que existe es comercio internacional entre Estados),” en lugar de la aplicación en construir un mercado grande y estable con los países vecinos,  en fin.

La crisis ha venido a develar uno a uno todos los grandes mitos del Neoliberalismo y habrá tiempo para revisar cada uno de ellos. Esta nota pretende abordar en general uno de los más persistentes: el cretinismo del dinero.

El dinero no hace parir dinero. No es como los conejos, las palomas y otros animalitos. Solo crece en la medida que se invierte en la producción de bienes y servicios que logran venderse en el mercado. Por lo tanto, en el largo plazo, no puede crecer más rápido que la producción de valor. Es decir, no puede crecer más rápido que el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, del cual representa una fracción.

El cretinismo del dinero olvida este hecho elemental – el gran aporte de la economía clásica.

Sin fijarse en lo absurdo de sus resultados, se refocila en cálculos como el siguiente: Un dólar invertido a una tasa de dos por ciento anual desde tiempos de Jesucristo representaría hoy una cifra de 197.217 billones de dólares (1,02 elevado a la potencia 2011 arroja el resultado de ciento noventa y siete mil doscientos diez y siete millones de millones de dólares), en circunstancias que el PIB mundial apenas supera los sesenta billones de dólares. Hay calificativos más ilustrativos para tales “ejercicios.”

Es obvio que incluso una tasa de interés tan modesta no es sostenible por tanto tiempo. Aunque se trate de los dos milenios a lo largo de los cuales la economía mercantil se ha multiplicado extraordinariamente, desde unos pocos productores independientes y mercaderes tramposos que operaban en los poros del Imperio Romano, un mundo pequeño y abrumadamente agrario donde la gente no tenía que ir al mercado para proveerse del pan y la leche de su desayuno, hasta abarcar hoy en día más o menos a la mitad de una multitudinaria humanidad trabajadora que ya es urbana.

Siguiendo el tranco más cansino del PIB, las principales bolsas mundiales han rentado alrededor de un uno por ciento real a lo largo del último siglo –  la de Londres que era la más madura rentó 0,4 por ciento real anual y la estadounidense, que era la emergente del período, 1,7 por ciento. Con el detalle que debido a los ciclos seculares han pasado a pérdida la mayor parte del tiempo – tres décadas después de 1929, dos décadas y media después de 1969 y once años después del 2000.

En otras palabras, todas las inversiones financieras que superan dicha rentabilidad tienen un componente ficticio más o menos significativo. Como ocurre con todos los espejismos, tarde o temprano la ilusión se convierte en arena. El crecimiento de las carteras de los bancos mundiales, por ejemplo, que ha sido vertiginoso a lo largo de las últimas tres décadas, ha perdido completamente la relación con la economía real.

En el caso de los bancos británicos, por ejemplo, un artículo en el Financial Times del 14 de septiembre del 2011 de John Kay, miembro de la comisión estatal que recientemente propuso una reforma profunda del sistema bancario en ese país, muestra que sus activos superaron en cuatro veces al PIB británico y que sólo un tres por ciento de la misma se explica por préstamos productivos a empresas. Casi todo el resto ¡son transacciones especulativas entre los mismos bancos! Resulta impresionante leer sus propias palabras:

“Los activos – y pasivos – de los banqueros británicos exceden 6 billones de libras esterlinas, cuatro veces el PIB británico. Los préstamos a los empresarios británicos – a industriales y minoristas, empresas constructoras y concesionarios de caminos, contadores y agricultores – suman alrededor de 0,2 billones de libras, alrededor de un 3 por ciento del total.

Los bancos contribuyen a la economía en otras formas. Hacen préstamos de consumo, financian desarrollos inmobiliarios e inversiones, prestan más de un billón de libras en hipotecas residenciales. Sin embargo, la mayor parte del total de seis billones de libras esterlinas de los activos y pasivos de los bancos británicos representan transacciones entre las propias instituciones financieras.”

Parece increíble, pero es así. Es decir, la mayor parte de los activos de los bancos representa lo que en tiempos de Marx se denominaba “capital ficticio,” para referirse al hecho que las acciones, por ejemplo, representan el valor real de los activos de las empresas que las emiten, como quiera que se midan éstos. Jamás pueden considerarse como una duplicación de los mismos, que a veces alcanza múltiplos absurdos.

El caso de La Polar es indicativo del mismo tipo de burbuja ficticia, aplicada en este caso a los créditos de consumo. Éstos son usura pura, es decir, los bancos principalmente y también las casas comerciales los hacen con la finalidad de escamotear una parte de los ingresos de los consumidores. Estos últimos crecen a una tasa real muy modesta, a lo más uno o dos por ciento por año, cuando llegan a crecer, mientras los créditos de consumo – incluyendo tarjetas de crédito, prestamos de consumo de bancos y casas comerciales, etc – tienen una tasa anual de 30 por ciento promedio según la Superintendencia de Valores y Seguros.

Eso significa que año tras año, los créditos de consumo sacan una tajada creciente de los ingresos de las personas. Actualmente, los pagos de intereses por este tipo de préstamos representan un 16 por ciento de la planilla de remuneraciones promedio y eso seguirá subiendo hasta que reviente. Puesto que en el extremo la gente podrá pagar todo su sueldo en intereses, pero nunca más que su sueldo.

Por lo tanto, toda la porción de la cartera bancaria representada por este tipo de préstamos, que actualmente representan 35 billones de pesos, un 35 por ciento del PIB y un 40 por ciento de la cartera total de los bancos e instituciones financieras, en buena medida es capital ficticio – un espejismo del cretinismo del interés compuesto. Ya la gente no lo puede pagar y no lo podrán pagar.

Saldrá a la calle a protestar como los estudiantes, quebrarán más casas comerciales y luego bancos, lo que sea. El asunto es que esa parte de la cartera de los bancos es en buena medida pura ilusión.

Lo mismo ocurre con la parte de las carteras bancarias que representan préstamos hipotecarios, pero asimismo los préstamos a los Estados, puesto que ni unos ni otros pueden crecer a tasas superiores a los sueldos en el primer caso o al PIB en el segundo y muchas veces los intereses exceden estos niveles con largueza.

Los préstamos a empresas pueden soportar tasas de interés algo mayores, pero nunca se puden alejar tampoco de la horma estricta del crecimiento del PIB. Para que decir toda aquella parte de la cartera de los bancos, la mayor parte según Kay, que está representada por toda la alquimia fianciera de las transacciones entre los propios bancos.

En otras palabras, se podría afirmar sin riesgo a equivocarse mucho que toda aquella parte de la cartera de los bancos que se ha acumulado en virtud de intereses superiores al crecimiento normal del PIB representa una pura ilusión. Son una suerte de acumulación de intereses sobre intereses que han perdido todo contacto con la realidad – igualito que la cartera de La Polar.

Los fondos de pensiones chilenos son algo así como las novelas ejemplares acerca del cretinismo del dinero. Exhiben una rentabilidad acumulada de más de ocho por ciento real anual a lo largo de tres décadas. Ello no es más que una gran ilusión.

Como muestra un estudio de CENDA, se explica principalmente porque los fondos nacieron en justo en el fondo del ciclo secular precipitado en 1969 y por lo tanto la mayor parte de su existencia coincide con el largo ciclo alcista secular que terminó en 1999 y luego el burbujazo que ha afectado a los mercados emergentes a partir del 2003. Ello no es sostenible en modo alguno en el largo plazo.

Como se muestra en el seguimiento diario que hace CENDA de las pérdidas de los fondos de pensiones, éstas son cuantiosas desde que se precipitó la crisis en julio del 2007. Ya el 2008 perdieron un tercio de su valor, lo que representó un 60 por ciento de todo lo ganado en las casi tres décadas precedentes, como muestra un estudio de CENDA. Con ello se redujo sustancialmente la rentabilidad promedio superior a 10 por ciento anual que exhibía hasta julio del 2007. A

Aún así, la rentabilidad real acumulada al fin del 2008 era todavía superior a 8 por ciento. Para que la rentabilidad promedio del fondo baje a un nivel razonable, parecido al rendimiento de largo plazo de las bolsas mundiales, debería experimentar una pérdida superior a dos tercios de su valor actual – algo muy probable, puesto que el fondo A perdió la mitad de su valor el 2008. Adicionalmente, deberán transcurrir quizás décadas de estancamiento, a la japonesa.

Antes de terminar, la crisis debe esfumar todo este capital ficticio. Parte importante del mismo se esfumará por depreciación de las monedas, puesto que gran parte de las carteras de los bancos están expresadas en moneda no reajustable. Así ha sido en las crisis anteriores y así será en ésta.

¡Va a ser duro tu despertar, Willy!

Escrito por Manuel Riesco. http://www.diarioreddigital.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=4838:la-crisis-mundial-el-capital-ficticio-y-el-cretinismo-del-dinero&catid=38:economia&Itemid=57

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