Fuga de cerebros en Chile ¿Dónde están los científicos?

Publicado por revista El Sábado, en El Mercurio el 16 de junio de 2012

Hay casi cuatro mil chilenos estudiando en universidades de Estados Unidos, sin considerar a quienes están en Europa y Asia. Entre ellos flota una gran pregunta: ¿qué pasará cuando vuelvan a Chile? Saben que aquí no encontrarán ni los recursos, ni el nivel de investigación que tienen ahora. Hablamos con las mentes brillantes que pierde el país.

Por Claudio Gaete 

Cada vez que Jaime de Calisto necesita algún reactivo para realizar sus experimentos, llama a Fedex o UPS. Lo pide en la tarde y lo tiene en su laboratorio al otro día. A veces, a primera hora en la mañana.

-En Chile tengo que esperar entre dos semanas y tres meses. Eso me impide darle continuidad a mi experimento -dice.

 

Jaime de Calisto estudia en Harvard. “Cada vez que quería hacer algo en Chile tenía problemas”

Este ingeniero en biotecnología molecular y neurociencias de la Universidad de Chile está desde 2010 en Harvard, Boston, Massachusetts, sacando su posdoctorado. Trabaja en un laboratorio formado por chilenos y, además, en el General Hospital de Boston, en la Unidad Gastrointestinal. Actualmente está experimentando con las IBD (enfermedades de inflamación del intestino), que comprende una serie de trastornos de inflamación del colon. De Calisto busca una terapia para atacar este mal. Si encuentra una cura, millones de personas en el mundo se lo agradecerán.

Pero si quiere lograrlo, lo mejor que puede hacer es quedarse en Estados Unidos y no regresar a Chile. Sabe que si vuelve, y por mucho que su currículo haya mejorado considerablemente, no tendrá capacidad para desarrollar todo lo que ha aprendido. “En Chile hay pocos laboratorios y todos están trabajando en lo mismo y compitiendo en mala. Falta colaboración. Cada vez que quería hacer algo tenía problemas. Acá, en cambio, si no tengo el equipo adecuado, le escribo al laboratorio que lo tiene, se hace un acuerdo y se realiza el experimento”, afirma.

Junto a su esposa, ingeniero civil en biotecnología, tienen deseos de volver a Chile cuando terminen sus estudios y están dispuestos a enfrentar los problemas, pero no será fácil. “No nos asusta tener que volver ni tememos al fracaso, pero es cierto que los recursos no son los mismos y que muchas veces uno puede ser considerado sobre calificado y no obtener trabajo”, afirma.

Al igual que Jaime de Calisto, en estos momentos hay cientos de científicos chilenos que están en distintas universidades de Estados Unidos, perfeccionándose, investigando y doctorándose. Sin embargo, muchos sienten que eso no se verá recompensado a su regreso a al país.

Según datos de la embajada de Chile en Washington, hay unos 80 académicos e investigadores trabajando en Estados Unidos. Hay muchos que desarrollan tareas en historia, lenguaje o literatura latinoamericana. Sin embargo, la comunidad de chilenos en universidades norteamericanas es mucho más alta. Desde que Conicyt cambió la Beca Presidente de la República por la Beca Chile, en 2009, ha beneficiado a 3.934 personas hasta el año pasado, enviándolas principalmente a Estados Unidos y Europa. La gran mayoría está en las áreas científicas.

A esa cifra hay que agregar los que estaban becados con anterioridad y que aún continúan con sus estudios, los que se quedaron y los que fueron becados por otras vías. Es difícil dar con una cifra real, pero según algunos científicos en vías de doctorarse en universidades en Boston, sólo en esa área la comunidad chilena universitaria bordea el millar de personas.

Algunos llevan casi 10 años entre doctorados y posdoctorados. Otros ya han hecho su vida allá y no planean volver al país. Los más jóvenes tienen sentimientos encontrados. Sus deseos de volver son más emocionales y familiares, que académicos. Quieren regresar, pero sienten que no les dan oportunidades, que las universidades no les abren las puertas, que el sueldo no es bueno, y lo que más les asusta es que no podrán realizar adecuadamente la tarea para la cual se entrenaron, porque en Chile no existen los recursos mínimos que necesitan.

Ser doctor ya no es suficiente

Christian Cea del Río se tituló de bioquímico en la Universidad Católica de Valparaíso a principios de la década pasada. Comenzó a estudiar un doctorado en la Universidad de Valparaíso. Ahí fue cuando descubrió que la National Institute of Health (NIH), una entidad gubernamental estadounidense, tenía un convenio para financiar proyectos y facilitar que jóvenes científicos se fueran a estudiar a Estados Unidos. En 2006 se fue a Bethesda, Maryland, para sacar su doctorado en neurociencia. Volvió a Chile en 2010 para dar su tesis doctoral y se trajo a su tutor norteamericano para que lo acompañara. Obtuvo su grado y “ahí me di cuenta de que los doctorados ya no son suficiente, los límites son demasiado altos”. Hoy realiza un posdoctorado en el Centro de Investigación para la Neurociencia y Hospital para Niños National Medical Center, en Washington DC, junto a su mujer.

Su beca era del NIH y no tenía obligación de quedarse en Chile. Porque si bien tiene muchos deseos de volver, se dio cuenta de que la calidad de vida para un científico es mejor en Estados Unidos que en Chile, aunque los sueldos no son tan altos, pero el estándar de vida es mayor. “Acá tenemos más acceso a fondos. Los peros en Chile no pasan por la calidad, sino por el acceso a la tecnología, a los suministros. Si necesito un equipo médico se puede demorar meses en llegar. Acá si lo pido en la mañana, llega en la tarde”, afirma.

El hospital para el que trabaja está ranqueado entre los tres mejores de Estados Unidos. Hoy Christian está investigando el autismo y la epilepsia con displasia cortical focal, que suele ser bastante común. El hospital para el que trabaja extrae quirúrgicamente el tejido epiléptico y él se dedica a investigarlo, a tratar de entender las causas de esa disfunción y poder dar con una solución farmacológica que permita curar o aminorar ese tipo de epilepsia. “Eso no podría hacerlo en Chile”, explica, “porque ese tipo de cirugías casi no se hacen y acá tengo acceso a esos tejidos”.

“Tenemos deseos de volver a Chile, pero más por razones emocionales que científicas”, sostiene.

Ambos esperan estar dos años más en Washington, hasta terminar sus posdoctorados. Luego se irán a Colorado, donde les ofrecieron un puesto en la escuela de Medicina de la Universidad de Colorado. Están felices con la oferta, pero también tienen una cuota de temor. “Que en Chile mis logros me impidan la reinserción. Uno va perdiendo su networkingen el país, la gente debe saber donde estás, qué estás haciendo, tenerte entre los suyos”, afirma. Pero agrega que “también es cierto que es difícil para las universidades ofrecer una posición que equipare todo lo que se ofrece en Estados Unidos”.

Esta situación no se circunscribe al plano científico.

Jaime Concha tiene 73 años, salió de Chile después del golpe militar, pero cuando intentó volver en 1990, tras el regreso de la democracia, no obtuvo la respuesta esperada ni la posibilidad de que su alma mater, la Universidad de Concepción, lo acogiera de nuevo.

Académico de la Universidad de California, en San Diego, Concha enseña literatura latinoamericana. Estudió en la universidad de Concepción y en la Chile. Egresó en 1961 como profesor de Estado. Realizó un posgrado en París, del 67 al 68, y del 69 hasta el 73 enseñó en la Universidad de Concepción. Se fue al exilió poco después del golpe. Era militante del Frente Universitario Allendista.

Después de varios puestos, llegó a San Diego en 1981. Nueve años después, con el retorno a la democracia, pensó en volver a Chile. “Dos colegas míos, que también habían sido expulsados, postularon a una posición en la U. de Concepción. Ni siquiera se tomaron la molestia de responderles”, dice al teléfono. Eso lo descorazonó.

Pasaron los años y en 2000, muchos de sus ex alumnos estaban ocupando puestos importantes en la Universidad de Chile y en la Católica. “Ahí tuve la oportunidad de ir, dictar seminarios y cursos de verano”, afirma.

Después de eso, muchos amigos y colegas le hablaron de la posibilidad de volver. “Pero yo ya tenía mi vida acá. Ahora me jubilaré en California y supongo que viajaré seguido a Chile” sostiene. Y advierte que conoce a muchos chilenos que están en el área de las ciencias cognitivas y “son de primer nivel, cualquier país los quisiera tener”.

 

Constanza Cortés trabaja en Chicago. “Uno quisiera volver, porque la sangre tira”, pero sabe que aquí se encontrará con pocas posibilidades.

En esa misma universidad, pero en otro campus, vive Constanza Cortés. Ella es bióloga de la Universidad Católica, titulada en 2005. Quería irse a estudiar afuera, pero tenía que esperar un año para saber si obtendría una beca. Un profesor la ayudó y le dijo que se fuera a Chicago y que él le daría buenas referencias. Logró que la propia universidad le pagara su doctorado en fisiología celular y ahora realiza un posdoctorado en San Diego.

En 2009, el embajador de Chile en Estados Unidos visitó Chicago y tuvo una reunión con la comunidad de estudiantes chilenos. La mayoría, salvo los ligados a los posgrados en Economía y Negocios, le manifestaron su preocupación por su regreso a Chile y su reinserción en el mundo del trabajo. “Su respuesta fue que iba a llevar esta preocupación al gobierno y a Conicyt”, recuerda Constanza. Ella sabe que este es un problema que se arrastra por muchos años. Está el eterno dilema de quedarse en Estados Unidos, donde todo es más fácil como científico, pero “uno quiere volver porque la sangre tira y desea enseñarle a otros alumnos lo que ha aprendido”.

Actualmente trabaja para el laboratorio La Spada en un estudio sobre la neurodegeneración, la autofagia, o en términos más simples, por qué las células se comen a sí mismas. “La idea es encontrar pistas para curar el alzheimer, o alguna terapia”, explica. Es uno de los temas que más preocupa a la comunidad científica norteamericana y del mundo. Ella quiere ser parte de ese proceso, pero sabe que si vuelve a Chile se reencontrará con varios problemas: pocas plazas y escasos recursos.

“Un físico necesita básicamente un computador para hacer sus estudios, pero en el caso de un biólogo se requieren más recursos, porque hay que adquirir reactivos que puede ser desde leche o sal, hasta una droga inhibidora del cáncer que cuesta millones de dólares y que debe ser transportada a una temperatura adecuada, sin ser expuesta a la luz y con rapidez”, apunta.

Marcelo Díaz Bustamante, actualmente realizando un posdoctorado en Baltimore, Maryland en el Lieber Institut for Brain Development, también se especializó en neurociencia. Su tesis doctoral fue sobre el desarrollo sináptico de neuronas del hipocampo. Su aplicación también apunta a buscar respuesta a las mil inquietudes que hay en torno al alzheimer.

Díaz llegó a Maryland a través de la beca HIN y, al igual que sus colegas chilenos, enfrenta los mismos problemas y dudas sobre su futuro. Junto a otros, surgió la idea de reunir a la comunidad científica chilena para discutir los temas que le preocupaban. La primera cita fue en 2010, en Washington DC. Asistieron unas 60 personas. Entre los oradores estuvo María Elena Boisier, directora de programas de Fondecyt, María Teresa Marshal, secretaria ejecutiva del Cruch y Blas Tomic, de la Fundación Imagen Chile. También hubo científicos que han realizado trabajos destacados en Estados Unidos. Pero los oradores más esperados fueron aquellos que contaron su experiencia exitosa de reinserción en Chile.

Marcelo Díaz dice que ellos contaron todo lo que tuvieron que padecer para poder volver. “Los contactos en Chile son vitales y cuando uno sale al exterior, los pierde. El currículo tiene peso, pero también la gente que tu conoces. Hay una competencia salvaje, hay que estar publicando paperspara darte a conocer”.

En 2011 se realizó la segunda reunión de Nexos, en Cambridge, Boston, y fueron más de 80 invitados. Este año será la tercera, en Nueva York, y esperan más de 100 asistentes.

No todo es malo

Esta visión más bien pesimista no es compartida por todos. Albert Galaburda vive en Estados Unidos desde los 15 años. Hoy tiene 63 y un currículo de 39 páginas.

 

Albert Galaburda es profesor en Harvard. “Para lo que yo hago, este es el mejor lugar del mundo”.

Actualmente es profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y del Beth Israel Deaconess Medical Center. Se ha especializado en Neurociencia y es jefe de un grupo de médicos dedicado a investigar los trastornos de la conducta. Está casado con chilena y tiene contactos con un laboratorio en el país. “Para lo que yo hago, este es el mejor lugar del mundo”, dice. Pero aclara que en Chile se han hecho muchos avances. “Quiero seguir haciendo lo que pueda para ayudar a los jóvenes científicos chilenos que quieren regresar a Chile con oportunidades concretas para establecer sus carreras científicas allá. En la medida que los países desarrollados empobrecen y se agobian por leyes imposibles y demandas políticas irracionales, países como Chile, con una gran dote de cerebros enérgicos y bien formados, podrían encontrar sus propios temas desde los cuales contribuir al conocimiento científico y al progreso en la medicina”, asegura.

El mes pasado organizó un simposio gracias a un fondo que obtuvo de la Fundación David Rockefeller, donde convocó a jóvenes que hacen investigación y estudian neurociencia con el fin de ayudarlos a buscar alternativas para volver a Chile.

Galaburda dice que hoy es más fácil que hace unos años. Cuenta el caso de Claudio Hetz, un ingeniero en Biología Molecular de la Universidad de Chile que estudió en Harvard y que volvió al país y creó su propio laboratorio. Hetz fue premiado como el científico joven más destacado de Latinoamérica en 2008 por la Third World Academy of Sciences y la prestigiosa revista Sciencelo destacó en sus páginas.

Christian Cea estudia en Washington DC. “Si en Chile necesito un equipo médico, se puede demorar meses en llegar”.

Christian Cea está consciente de los esfuerzos que ha hecho Conicyt por generar proyectos para facilitar la reinserción de los científicos, pero a su juicio es una área que aún está desregulada.

En Conicyt dicen que están preocupados del tema (ver recuadro), pero advierten que el país ha avanzado y que no es cierto, por ejemplo, que la petición de un reactivo demore meses en llegar al laboratorio. Además están estableciendo contactos con el sector privado para que científicos chilenos ayuden a solucionar problemas de distintas industrias, como la salmonera, frutícola y vitivinícola.

Según la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP), los científicos locales están realizando bien su tarea. Chile es el país de América Latina que produce más publicaciones científicas por cada millón de habitantes.

Pero las estadísticas aún dejan al país en una posición desmedrada a nivel mundial. Chile invierte en ciencia sólo el 0,4% del PIB, lo cual lo ubica en el penúltimo lugar entre los países OCDE (sólo le gana a México) y muy por abajo de países como Israel (5% del PIB). Además, el país tiene menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. Muy abajo de los 3.620 que tienen en promedio los países OCDE.

Los planes de Conicyt

Desde que Conicyt cambió las becas Presidente de la República por las Becas Chile, ha destinado más de un 40 por ciento de su presupuesto en enviar a jóvenes chilenos al extranjero.

Saben que el tema de la reinserción es una preocupación de los becarios y afirman que cuentan con programas para eso.

El primero es el programa Fondecyt, que otorga la posibilidad de realizar un posdoctorado en Chile a través de un acuerdo con una universidad. La entidad estatal paga el sueldo por tres años (1 millón 300 mil pesos mensuales) y le entrega recursos para que haga investigación. Esto dura 2 o 3 años.

Luego de eso, y asumiendo que la universidad contrató al académico, se puede optar a un fondo de 25 millones de pesos para realizar investigaciones, de los cuales 5 millones son para el bolsillo.

Finalmente, existe el concurso regular de proyectos que contempla la entrega de 50 millones de pesos al año por cuatro años. El postulante debe presentar un proyecto, y al final del año son evaluados sus logros para ver si se le entregan los fondos para el año siguiente.

Actualmente, hay 2.500 proyectos en ejecución.

Contacto en China

Chile firmó un tratado de Libre Comercio con China en 2005 y convirtió al país asiático en el principal receptor de sus exportaciones (22,2% el año pasado).

Sin embargo, muy pocos chilenos han viajado a China, y es más raro aún encontrar a alguien que hable el idioma. Andrés Rodríguez es la gran excepción. Estudió historia en la Universidad Católica y gracias a una beca Alban, que entrega la Unión Europea, se fue a estudiar a Inglaterra en 2003. Llegó a Oxford y se especializó en estudios modernos chinos. Terminó en 2005 y consiguió fondos de Oxford y del gobierno para sacar un doctorado en estudios orientales con mención en historia moderna china. Lo finalizó en 2009.

Ahora trabaja en la Universidad de Southampton, al sur oeste de Londres. Espera sacar un libro con su tesis doctoral: Historia fronteriza del sudoeste chino (Tíbet). Estuvo en Chengdu, revisando los archivos de la Universidad de Sechuan, vivió un año en Beijing y aprendió chino mandarín para realizar sus estudios.

Actualmente debe ser una de las personas que más conoce de historia reciente de China. Pero tiene poco contacto con Chile. “Desde que me fui, he vuelto sólo en dos ocasiones, por razones familiares”.

Recuerda que cuando vivió en Beijing, en 2008, tuvo una reunión con gente de la Embajada de Chile y le dijeron que lamentablemente no había presupuesto para contratar los servicios de gente como él. Andrés se lamenta. Dice que en Estados Unidos es distinto. “Los académicos tienen un rol mucho más activo, son llamados al Congreso, a la Cancillería, como expertos”.

Cada vez que habla de volver a Chile, un amigo le hace una pregunta para la cual aún no encuentra respuesta: “¿Y qué haría alguien como tú en Chile?”.

 

Por Claudio Gaete.

Fuente: http://diario.elmercurio.com/2012/06/16/el_sabado/_portada/noticias/01043C31-FCDF-4D3C-9A8B-853BB74174D6.htm?id={01043C31-FCDF-4D3C-9A8B-853BB74174D6}

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2 pensamientos en “Fuga de cerebros en Chile ¿Dónde están los científicos?

  1. La verdad leo esto me da pena
    Mi hija estudio biologa marina, ahora hace
    Un magister en ciencias ,, igual quiere irse
    Fuera de Chile, Acá no se invierte para los
    Laboratorios ni para la investigación
    eso no le importa al país , ni hay recursos
    Según dicen el dinero se ocupa en puras
    Estupideces,,,pero para investigación
    y para laboratorios no hay dinero,,,,

  2. Pingback: “Científicos a contracorriente” en España: Entre ellos un joven chileno de la U. de Chile | AIP-UChile

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